Un sofá verde agua, un par de cojines amarillos, una monstera junto a la ventana y un cajón de madera clara. No hace falta mucho más para armar un rincón en el que apetece quedarse.
La paleta es sencilla: verde, madera y lino. El verde aporta calma, la madera calidez y el lino, esa textura que hace que todo parezca un poco más hecho a mano. Un toque de amarillo, en pequeñas dosis, actúa como el punto de luz.
Si el rincón tiene luz natural, casi todo lo demás sobra. Y si además hay un perro dormido en una manta, mejor.
