Hay revistas que se hojean y revistas que se leen despacio. Las segundas suelen tener buen papel, mucho blanco y fotografías que no necesitan ruido alrededor. Dejarlas sobre un sofá de lino, con unas gafas encima, es casi un autorretrato.
Lo que tienen en común es una idea de ritmo: menos titulares, más pausa. Y esa pausa, que parece un gesto editorial, acaba siendo también una forma de mirar el arte.
No hace falta tener mucho tiempo, solo decidir que esta tarde la dedicas a una sola cosa.
