Una pared de cuadros es como una conversación: funciona cuando cada pieza escucha a la de al lado. Cuando todas gritan a la vez, el resultado se parece más a un escaparate que a una casa.
Empieza por un protagonista
Elige una pieza grande que mande, con un marco que se note, y construye el resto a su alrededor. Los marcos pequeños, en colores parecidos entre sí, ayudan a que el conjunto respire.
Juega con el ritmo
Mezcla formatos, pero repite algún material o algún color. Un tono dorado, una madera clara o un fondo blanco entre el cuadro y el marco unifican lo que, de otro modo, sería puro ruido.
Y antes de clavar nada, tumba todo en el suelo y fotografíalo: es la forma más barata de equivocarse.
