Hay láminas que parecen pedir permiso para estar en una casa y otras que se adueñan de la pared. Una reproducción de Jackson Pollock pertenece, sin duda, a las segundas: todo ese gesto de pintura goteada, tan enérgico, justo encima de un sofá de cuero y un cojín mostaza.
Pollock pintaba con el lienzo en el suelo, dejando caer la pintura desde arriba. Esa forma de hacer, con el cuerpo entero y sin un pincel que mande, convierte cada cuadro en una especie de mapa de movimientos. En casa funciona como contrapunto: cuanto más sereno es lo que lo rodea, más se nota la energía.
Una obra intensa necesita aire alrededor, como una buena frase necesita silencio.
Si te animas a colgar algo así, usa un marco sencillo, deja espacio a los lados y no lo hagas competir con demasiados estampados. Una planta grande y la luz cálida de una tarde hacen el resto.
